
“Sólo los débiles creen que lo que hacen en la batalla es lo que les convierte en hombres…”-Marshal (James Purefoy)
Entre todas las películas que nos han llegado este verano, que por otra parte tampoco se ha caracterizado por ser especialmente abundante en cuanto a calidad, probablemente la peor (y se lo cierto es que se ha ganado este reconocimiento a pulso) sea `Templario´ (Ironclad, Jonathan English, 2011), estrenada el pasado 22 de Julio. O al menos puedo decir que es la peor he visto yo en pantalla grande este verano (que es la manera de detectar verdaderamente la deficiencia de las películas, cuando el dinero gastado en una entrada llega a dolerte). Lo cierto es que tampoco esperaba nada ni tenía ningún tipo de expectativa sobre la película, sólo sabía que aparecía ese portentoso e normalmente desaprovechado actor llamado Paul Giamatti (eso me parecía cierta garantía de calidad, ingenuo de mi…) y que era una sangrienta oferta de aventuras aparentemente no muy diferente a cosas como la simpática `Centurión´ (Neil Marshall, 2010), con la que comparte su estilo de serie B y la simplicidad del título.
Así que el señor Jonathan English (¿se puede tener un nombre más británico?), director de `La Leyenda del Minotauro´ (uno de esos títulos que van directamente a DVD, como debería de haber ocurrido con éste), lo tenía realmente fácil para entretenerme un par de horas sin demasiados quebraderos de cabeza. El problema es cuando te sientas en la butaca, comienza la jugada, y empiezas a ver que la puesta en escena es de una torpeza insultante, que las escenas de acción están mal rodadas y no se entiende nada, que los personajes son tópicos andantes sin ningún interés real y que los actores que los interpretan, los que son buenos (Giamatti, Brian Cox), están desaprovechados, mientras que los que son regulares (James Purefoy, Kate Mara) lo hacen directamente mal, al tiempo que lo único que parece buscar el director es impactar al espectador con una sangre y violencia gratuita, lo cual puede llegar a tener su encanto gore, pero no funciona como debería porque, lógico, la historia nos la suda.


