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domingo, 2 de octubre de 2011

`Los Tres Mosqueteros 3D´, chapucera aventura


“Lucha por amor D'artagnan, Francia se defenderá sola.”
-Athos (Matthew Macfadyen)
Cuando se anunció que Paul W.S. Anderson llevaría a la gran pantalla su propia versión en 3D de `Los Tres Mosqueteros´ (The Three Musketeers), la inmortal novela de Alejandro Dumas, muchos nos llevamos las manos a la cabeza. Y con toda la razón del mundo. Recordemos que el director, responsable de lindezas como `Alien vs. Depredador´ (Alien vs Predator, 2004) y `Death Race´ (id, 2008), ya nos había dejado muestras de su sentido del espectáculo en versión 3D con la cuarta nefasta entrega de la franquicia que el mismo inició, `Residel Evil: Ultratumba´ (Resident Evil: Afterlife, 2010), dando como resultado una película ridícula y aburrida, la peor de toda la saga y una de las peores del año pasado. No parecería pues, que su incursión en el cine de aventuras clásico de la mano de las nuevas tecnologías fuera a dar mejores resultados, por mucho que el material del que partiera fuera harto mejor que los guiones que suele sacarse él mismo de la manga.

Además, soy de los que opinan que el 3D no favorece nada al cine de época (ya lo dije en mi crítica de `Piratas del Caribe: En Mareas Misteriosas´), pues a diferencia del de ciencia ficción o animación (en el que hace que los efectos digitales adquieran volumen dotándolo de mayor veracidad), lo que consigue es que todo se note más falso e irreal, es más difícil creerse la época ficticia en la que se desarrolla. Pero Anderson, gran admirador de este formato (se dice que le compró las cámaras al mismísimo James Cameron), argumentaba todo lo contrario: que se le podía sacar mucho partido al 3D en este tipo de películas y que lo iba a demostrar. Por mi parte, lo único que ha demostrado es que deberían de prohibirle dirigir, o al menos penalizarle por un par de años, por realizar semejante esperpento. Un producto torpe, absurdo e incluso cutre que es un insulto para la novela de Alejandro Dumas.

martes, 16 de agosto de 2011

`13 Asesinos´, espectacular relato de sangre y honor



“En la batalla no hay código samurái. ¿No tienes espada? Usa un palo o una piedra. Si no tienes piedra, usa los puños y los pies. Entrega tu vida, pero haz que el enemigo lo page…”
-Shinzaemon Shimada (Kôji Yakusho)
Es un verdadero escándalo, por no decir otra cosa más malsonante, que mientras que películas que no valen un pimiento han inundado nuestras carteleras este verano (ejemplos como `Transformers 3´, `Green Lantern´, `Templario´, `La Boda de mi Mejor Amiga´ o `Bad Teacher´ dan buena fe de ello), un producto a primera vista tan interesante y potente como `13 Asesinos´ (13 Assassins, Takeshi Miike, 2010) haya tenido una distribución tan rastrera y cobarde, limitándose su presencia a un par de cines en TODA España, con lo que un servidor no ha tenido oportunidad de ir a verla en pantalla grande (cosa que me hubiera encantado) y ha tenido que recurrir a “métodos ilegítimos” para disfrutar de su visionado. La indignación no puede más que ir en aumento cuando una se da cuenta de que el susodicho film (alabado en el pasado festival de Sitges, algo que nuestros queridos distribuidores no han querido o no han sabido vender) es una gran película, probablemente una de las mejores “estrenadas” este año.
En `13 Asesinos´, remake de una película japonesa de 1963 `Los 13 Asesinos´ dirigida por Eiichi Kudo (que no he visto, pero me la apunto), el inclasificable Takeshi Miike (suyas son bizarradas indescriptibles como `Ichi The Killer´) nos sumerge en un relato con la siempre fascinante figura del samurái como eje central, ofreciendo una película sobre el honor y el deber en tiempos oscuros en la que se nos narra cómo un grupo de samuráis liderado por el veterano Shinzaemon Shimada (estupendo Kôji Yakusho) decide revelarse contra su violento y sanguinario amo Lord Naritsugu (Gorô Inagaki), cuyos horribles actos amenazan la paz del reino. Así pues, estos samuráis se ven obligados a romper su juramento, convirtiéndose así en asesinos y planean el asesinato de aquel al que deben lealtad en pos de un bien mayor, viéndose obligados a enfrentarse a sus propios hermanos. Una historia de gran potencia y atractivo épico a la que Mikke logra sacarle todo el partido.

martes, 9 de agosto de 2011

`Templario´, sangrienta torpeza



“Sólo los débiles creen que lo que hacen en la batalla es lo que les convierte en hombres…”
-Marshal (James Purefoy)
Entre todas las películas que nos han llegado este verano, que por otra parte tampoco se ha caracterizado por ser especialmente abundante en cuanto a calidad, probablemente la peor (y se lo cierto es que se ha ganado este reconocimiento a pulso) sea `Templario´ (Ironclad, Jonathan English, 2011), estrenada el pasado 22 de Julio. O al menos puedo decir que es la peor he visto yo en pantalla grande este verano (que es la manera de detectar verdaderamente la deficiencia de las películas, cuando el dinero gastado en una entrada llega a dolerte). Lo cierto es que tampoco esperaba nada ni tenía ningún tipo de expectativa sobre la película, sólo sabía que aparecía ese portentoso e normalmente desaprovechado actor llamado Paul Giamatti (eso me parecía cierta garantía de calidad, ingenuo de mi…) y que era una sangrienta oferta de aventuras aparentemente no muy diferente a cosas como la simpática `Centurión´ (Neil Marshall, 2010), con la que comparte su estilo de serie B y la simplicidad del título.
Así que el señor Jonathan English (¿se puede tener un nombre más británico?), director de `La Leyenda del Minotauro´ (uno de esos títulos que van directamente a DVD, como debería de haber ocurrido con éste), lo tenía realmente fácil para entretenerme un par de horas sin demasiados quebraderos de cabeza. El problema es cuando te sientas en la butaca, comienza la jugada, y empiezas a ver que la puesta en escena es de una torpeza insultante, que las escenas de acción están mal rodadas y no se entiende nada, que los personajes son tópicos andantes sin ningún interés real y que los actores que los interpretan, los que son buenos (Giamatti, Brian Cox), están desaprovechados, mientras que los que son regulares (James Purefoy, Kate Mara) lo hacen directamente mal, al tiempo que lo único que parece buscar el director es impactar al espectador con una sangre y violencia gratuita, lo cual puede llegar a tener su encanto gore, pero no funciona como debería porque, lógico, la historia nos la suda.