“En la batalla no hay código samurái. ¿No tienes espada? Usa un palo o una piedra. Si no tienes piedra, usa los puños y los pies. Entrega tu vida, pero haz que el enemigo lo page…”
-Shinzaemon Shimada (Kôji Yakusho)
Es un verdadero escándalo, por no decir otra cosa más malsonante, que mientras que películas que no valen un pimiento han inundado nuestras carteleras este verano (ejemplos como `Transformers 3´, `Green Lantern´, `Templario´, `La Boda de mi Mejor Amiga´ o `Bad Teacher´ dan buena fe de ello), un producto a primera vista tan interesante y potente como `13 Asesinos´ (13 Assassins, Takeshi Miike, 2010) haya tenido una distribución tan rastrera y cobarde, limitándose su presencia a un par de cines en TODA España, con lo que un servidor no ha tenido oportunidad de ir a verla en pantalla grande (cosa que me hubiera encantado) y ha tenido que recurrir a “métodos ilegítimos” para disfrutar de su visionado. La indignación no puede más que ir en aumento cuando una se da cuenta de que el susodicho film (alabado en el pasado festival de Sitges, algo que nuestros queridos distribuidores no han querido o no han sabido vender) es una gran película, probablemente una de las mejores “estrenadas” este año. En `13 Asesinos´, remake de una película japonesa de 1963 `Los 13 Asesinos´ dirigida por Eiichi Kudo (que no he visto, pero me la apunto), el inclasificable Takeshi Miike (suyas son bizarradas indescriptibles como `Ichi The Killer´) nos sumerge en un relato con la siempre fascinante figura del samurái como eje central, ofreciendo una película sobre el honor y el deber en tiempos oscuros en la que se nos narra cómo un grupo de samuráis liderado por el veterano Shinzaemon Shimada (estupendo Kôji Yakusho) decide revelarse contra su violento y sanguinario amo Lord Naritsugu (Gorô Inagaki), cuyos horribles actos amenazan la paz del reino. Así pues, estos samuráis se ven obligados a romper su juramento, convirtiéndose así en asesinos y planean el asesinato de aquel al que deben lealtad en pos de un bien mayor, viéndose obligados a enfrentarse a sus propios hermanos. Una historia de gran potencia y atractivo épico a la que Mikke logra sacarle todo el partido.