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sábado, 11 de febrero de 2012

`War Horse (Caballo de Batalla)´, la inocencia en tiempos de guerra


“Hay días grandes y días pequeños, Joey, y hoy es un gran día.” 
-Albert (Jeremy Irvine)
Uno no puede más que pensar en lo mal que debe de estar la sensibilidad y el estado de ánimo de la gente al ver algunas reacciones hacía `War Horse´ (Caballo de Batalla), recibida ya desde que se anunció el proyecto hace dos años con bastante recelo y cinismo, aún proviniendo de un realizador tan reputado y consagrado como es el cada vez más minusvalorado Steven Spielberg —o quizá en parte por ello—. Sólo se me ocurre que en esta época de crisis y escepticismo la gente está muchísimo menos dispuesta a soñar, dejarse llevar y disfrutar de una historia sobre la amistad entre un joven —debutante Jeremy Irvine, cuyo rostro y actuación recuerdan mucho más a los de jovenzuelos de la edad dorada de Hollywood que a la de actores juveniles actuales— y un caballo separados por la guerra, que sirve de metáfora para reivindicar la inocencia y la pureza en un tiempo de oscuridad y muerte. Una propuesta muchos dirán que anticuada hoy en día, en el que son necesarias miradas más actuales y “realistas” de la guerra —comentarios irónicos en la mismo año en que se ha aplaudido un film tan “retro” como `The Artist´—, pero que a mí se me revela como una película totalmente valiente y arriesgada, nacida en una época en la que, evidentemente, está condenada a ser menospreciada.

Y es que es muy fácil atacar `War Horse´. Todos sus “defectos” —en el sentido en el que el sentimentalismo y la honestidad a la hora de no rehuir el evidente infantilismo de la propuesta se puedan considerar defectos— están a flor de piel, bien visibles y apreciables para cualquiera que se siente en la butaca con las uñas afiladas, con cara de estar pensando “Spielberg, no intentes jugar con  mis sentimientos o te reviento”… Por el contrario hace falta algo más que ir de listillo y de tipo duro —me gustaría saber cuántos de los que atacan `War Horse´ hoy en día no derramaron lagrimones en su infancia con `E.T.´ (id, 1982)— y quizá tener más memoria cinéfila para apreciar las increíbles cualidades de esta historia de sabor clásico, repleta de un tipo de magia cinematográfica de otra época, en el que la sombra de John Ford planea orgullosa por algunos de los pasajes —la primera mitad del film trascurre en un lugar que bien podría ser la aldea de `El Hombre Tranquilo´ (1952), y la parte bélica remite algo a películas como `Río Grande´ (1950)—, mientras que el espíritu de las primeras películas Disney de carne y hueso —véase `Un Viaje Increíble´ (1963)— resuena con fuerza en cada una de las microhistorias que pueblan el viaje del caballo Joey.

sábado, 29 de octubre de 2011

`Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio´, pura aventura


Tintín (Jamie Bell): “¿Qué tal su sed de aventuras?”
Capitán Haddock (Andy Serkis): “Es insaciable...”
Me declaro un confeso desconocedor de los tebeos de Tintín y de la obra de Hergé en general, pero para mí esta cinta suponía una cita cinematográfica indispensable por llevar los nombres de dos creadores muy diferentes entre sí pero grandes directores igualmente: Steven Spielberg —uno de los mejores narradores de la actualidad y de la historia del cine— y Peter Jackson —al que debemos una de las mejores trilogías del cine y uno de los últimos productos revienta taquillas de gran calidad—. El que estos dos hombres se sintieran interesados por Tintín, un periodista adicto a resolver misterios acompañado por su perro Milú, bastaba para que yo mismo me sintiese interesado, y aunque el escepticismo había hecho presa de mí no pocas veces al ver los primeros trailers y recepciones críticas, lo cierto es que me senté a verla con cierta excitación, que fue bien aprovechada en los 107 minutos de aventura en estado puro que le siguieron.
Porque `Las Aventuras de Tintín: El Secreto del Unicornio´ es una película elaborada a modo de complejísima y sofisticada montaña rusa que no da tregua, no deja tiempo para aburrirse y no para de divertir, entretener y emocionar. O sea: cine de entretenimiento con todas las letras, pero en el buen sentido de la palabra, pues a menudo —y hoy en día más que nunca— tendemos a menospreciar nosotros mismos la palabra “entretenimiento”, catalogando normalmente así aquellas películas que tienen muchos efectos y que cumplen sin más. Pero precisamente Spielberg y Jackson son dos directores que entienden y respetan verdaderamente el significado de esa palabra, y por eso entendemos la complicación y esfuerzo que les habrá llevado construir esta pequeña joya que, apoyada en las nuevas tecnologías, es capaz de ser una aventura a la vieja usanza, en la que sin haber leído siquiera un cómic de Tintín en la vida casi se siente cómo páginas de tebeo que cobran vida, se respira ese tipo de aventura ingenua, despreocupada y nostálgica, que tiene mucho que ver con la famosa saga del arqueólogo dirigida por el propio Spielberg.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Compositores de Cine, el poder en la sombra



Cuando miro los carteles publicitarios de los próximos estrenos que suelen estar colgados afuera de los cines a los que suelo ir (tengo tres diferentes, depende de la película y la ocasión), siempre me suelo fijar primero en el nombre del director (en caso de que no lo sepa ya de antemano), y acto seguido suelo buscar el del compositor. Soy consciente de que el buen resultado de una película depende del trabajo de muchos profesionales que el director debe de saber dirigir en la buena dirección, y hay muchos importantes: el guionista (el guión siempre es el cimiento de una película), el director de fotografía (juega un papel fundamental en el aspecto visual), el director artístico, el diseñador de producción, los encargados de los efectos... Todos trabajos muy importantes, piezas imprescindibles que deben de juntarse de la manera adecuada.