martes, 27 de julio de 2010

M. Night Shyamalan: `El Sexto Sentido´



“¿Cómo va a ayudarme si no cree en mí? Alguna magia es real...
-Cole Sear (Haley Joel Osment)
Hay películas que por alguna razón se convierten en mucho más que películas. Se convierten en todo un fenómeno social y llegan a resultar de obligado visionada incluso para todos aquellos a los que no les interesa nada el cine. Ha ocurrido recientemente con `Avatar´ y ocurrió hace once años con `El Sexto Sentido´, film que sacó a M. Night Shyamalan del anonimato y lo convirtió en el nuevo niño mimado de Hollywood. Yo tendría unos ocho o nueve años cuando se estrenó la película, y aún así me acuerdo de los anuncios en televisión (básicamente repitiendo una y otra vez la escena de “en ocasiones veo muertos”), y también recuerdo a mi hermana y a mi madre volviendo del cine diciendo que se habían agotado las entradas y que habían programado una sesión extra para el día siguiente (que yo recuerde, algo parecido sólo había ocurrido con `Titanic´). El caso es que las entradas se agotaron, y yo (probablemente interesado por todo el revuelo que generaba la película) imploré a mi madre y a mi hermana que me llevaran al día siguiente con ellas.

Pocas veces he agradecido tanto que las cosas sucedieran de un modo y no de otro (¿el destino tal vez?), pues ver `El Sexto Sentido´ aquella noche fue una de las mejores experiencias que he tenido y una de las razones por las que soy aficionado al cine. Obviamente uno no ve una película con los mismos ojos con nueve años que con diecinueve, pero a día de hoy todo lo que me gustó de ella en su momento me sigue gustando, y a pesar de haber perdido el efecto sorpresa (que fue lo que le dio el éxito, independientemente de su calidad) sigue pareciendo una película extraordinaria.


Naturalidad y realismo
Creo que si `The Sixth Sense´ sigue funcionando a la perfección a pesar de que todo el mundo sepa ya como acaba y que los sustos ya no pillen a nadie desprevenido es porque la historia que cuenta es totalmente básica, universal, atemporal, y sobre todo: está muy bien narrada.

La película comienza (tras unos sencillos títulos de crédito con la genial e inquietante música de James Newton Howard de fondo) con Malcolm Crowe (estupendo Bruce Willis) y su esposa en su casa, en una pequeña celebración privada, pues al primero acaban de concederle una distinción por su dedicación y trabajo como sicólogo infantil. La mujer parece orgullosa mientras le dice que es un gran reconocimiento a su labor y su dedicación, que muchas veces le ha llevado a dejar todo lo demás en segundo lugar, incluso a ella. Es una escena completamente intima y espontanea, que marcará el tono de todas las que compondrán la película.


Y es que en lugar de optar por mostrar los momentos más relevantes sin más, Night elige muy cuidadosamente qué es lo que desea mostrarnos y qué no. Así pues, la mayor parte de la película está compuesta por fragmentos de la vida de Malcolm y de la de Cole (el niño que ve muertos, magistralmente interpretado por Haley Joel Osment). Y estos momentos que parecen siempre casuales están perfectamente escogidos para llevar al espectador por donde a Shyamalan le interese. La naturalidad y espontaneidad de estos momentos es precisamente lo que hace que el espectador se sumerja en ellos (como hipnotizado) sin apreciar la inteligencia del guión de Shyalaman, una verdadera tela de araña que te atrapa.

Son muchos los pequeños momentos que me gustan de la película, la mayoría con Cole y Malcolm, o Cole y su madre. Me encanta, por ejemplo, la escena en la que Malcolm le propone un juego a Cole para intentar ganarse su confianza: adivinar cosas de él y su vida (al principio parece lograrlo, pero al final fracasa). Bien apreciable es también el truco de magia que hace para animarlo, sin demasiado éxito. Son momentos que tienen un encanto especial, y nos hacen acercarnos poco a poco a unos personajes que resultan interesantes por lo realmente jodidos que están por dentro (Cole lo llega a decir directamente en un momento de la película: “tiene que haber algún conflicto por resolver”. Una pequeña referencia de Shyamalan a lo que supone ser un narrador de historias).
Personalmente no considero `El Sexto Sentido´ una historia de fantasmas. Puede parecerlo en apariencia, pero no lo es. Y no lo es porque Shyamalan parece realmente más interesado en hablarnos de la soledad de la infancia, del miedo de un hombre obsesionado con su trabajo a perder a su mujer, de las dificultades de ser madre soltera, y de otras tantas cosas que tienen mucho de terrorífico pero poco de sobrenatural. Y precisamente son los momentos dramáticos los que con más fuerza se quedan gravados en la memoria, por encima de los de los fantasmas, escenas que hoy en día se han quedado anticuadas y no pasan de anecdóticas (aunque algunas realmente siguen resultando escalofriantes, como la de la mujer de la bata rosa).


Momentos dramáticos como en el que la madre de Cole (claro ejemplo de madre esforzada pero imperfecta, interpretada con gran solvencia por Toni Collete) discute con su hijo porque cree que le ha quitado un colgante. La escena termina con ellos dos abrazados, claro ejemplo de familia rota pese al afecto que se procesan. Otra escena que me encanta es en la que Malcolm le confiesa a Cole en el hospital la verdadera razón por la que quiere ayudarlo. Y es entonces, tras sincerarse con él, cuando Cole decide contarle su aterradora verdad.

Pero la mejor de todas ellas es seguramente la más simple: en la que Malcolm le dice a Cole que piensa abandonar su tratamiento, pues dice no poder ayudarlo. Con un sencillo plano contra plano Shyamalan consigue una emotividad increíble. Cole le suplica a Malcolm que no le abandone (Malcolm no puede casi ni mirarle a los ojos) mostrándole la moneda que Malcolm usó en su momento en el truco de magia con el que pretendía animarlo. Con lágrimas en los ojos Cole le pide a Malcolm que le ayude, le pide que crea su secreto, que crea en él, que crea en lo imposible, que crea en lo impensable (“alguna magia es real”). Esta escena es una de las razones por las que me parece completamente injusto que Haley Joel Osment no se alzara con el Oscar.

Superación de miedos y redención
La noche en la que Malcolm y su mujer celebran el galardón que le han concedido a éste entra alguien en su casa. El intruso dice ser un antiguo paciente de Malcolm, un paciente que le echa en cara que no consiguió ayudarle verdaderamente. Sin dejarle tiempo para excusarse, el hombre dispara a Malcolm y acto seguido se suicida. La historia da un salto en el tiempo y pasa a Malcolm (que suponemos que sobrevivió al disparo) interesándose por Cole, entendemos que porque le recuerda al tipo al que falló.

La película a partir de ese momento nos cuenta dos historias paralelas, las de dos personas que se necesitan entre sí (aunque ni ellos mismos saben cuánto). La vida privada de Malcolm pasa a formar un aspecto totalmente secundario (en parte por razones obvias: para que no tengamos demasiadas ocasiones de darnos cuenta de que hay gato encerrado) y Cole se convierte en el verdadero hilo conductor de la trama, pues con la resolución de su problema Malcolm conseguirá su tan deseada redención.
Así pues, `El Sexto Sentido´ es la historia del psiquiatra que pasó toda su vida ayudando a niños y que intenta resarcirse por el único punto negro en su carrera (unas motivaciones lo suficientemente poderosas como para que nos interesen) y es también la historia del patito feo: Cole un muchacho callado, marginado por sus compañeros, abandonado por su padre y que él mismo se autodefine como “pirado”. Aunque la palabra que mejor lo define es “tristeza”. Cole es un personaje que inspira la más profunda de las compasiones (además de una de las caracterizaciones infantiles más inolvidables que yo recuerde), y por ello su transformación de “patito feo” en “cisne” (transformación que tiene poco de física) nos resulta también tan importante.

Pero el problema de Cole no son directamente las visiones que sufre (por otra parte impactantes). El verdadero problema es su actitud hacia esas visiones: el terror que le provocan (él mismo diagnostica su problema cuando Malcolm le pregunta qué cambiaría de su vida y el chico le responde: “no quiero tener miedo”), pues los daños físicos no son más que la consecuencia de los intentos de estas apariciones por reclamar su atención. Shyamalan (que ya mencioné que tiene pinta de ser un tipo bastante espiritual) nos habla en cierto sentido del miedo ilógico con el que se percibe la muerte (algo en realidad tan natural como la vida). Y efectivamente: cuando Cole empieza a hacer caso a esas visiones (siguiendo el consejo de Malcolm) descubre que no hay nada que temer (reafirmando que los miedos son algo que está en nuestra mente), e incluso logra hacer justicia con respecto a una niña asesinada (Kira).
A pesar de ello llega a resultar realmente inspirador ver como Cole hace frente a sus miedos (el modo en que vuelve a donde la niña que se ha colado en su tienda de campaña, y el escalofriante momento en el que aparta las sabanas) y resulta gratificante ver el resultado de su éxito: la escena en la que representa el papel del rey Arturo en una obra de teatro de la escuela. Cole está radiante, feliz por primera vez en toda su vida. Sus compañeros le suben a hombros (algo con lo que fantaseó en una ocasión), todos se caen, y ríen. La maravillosa música de Newton Howard suena victoriosa, y no nos cabe duda de que Cole (a pesar de la espada de cartón) es el verdadero caballero de la historia, capaz de vencer al dragón (sus temores) y conseguir su propio final feliz. Y es entonces cuando asistimos a la triste despedida de dos personas que son mucho más que psiquiatra y paciente: son dos amigos, que tras superar sus respectivas barreras deben de seguir cada uno con su camino. Un autentico encuentro mágico e irrepetible, decisivo para ambos.

Pero Cole no sólo consigue poner orden en su vida, también consigue poner paz en su familia al sincerarse con su madre (la estupenda escena en el coche). Las barreras entre madre e hijo se rompen completamente, y esa pequeña familia vuelve a estar unida. Y así dejamos a Cole, habiendo conseguido su objetivo victoriosamente y habiendo logrado hallar un don en su maldición.


Uno de los finales más sorprendentes de la historia
Con su objetivo ya cumplido, y completamente redimido uno esperaba un final también feliz para Malcolm y su (aparentemente) distante esposa. Si alguien dice que se esperaba lo que ocurre realmente es que miente, vilmente además. El final de `El Sexto Sentido´ es uno de los más recordados y sorprendentes no sólo porque nadie lo vio venir, sino porque todas sus claves desfilaron frente al espectador durante una hora y media. ¡Malcolm no habla durante toda la película con nadie más que no sea el niño que ve muertos! Es tan simple, tan sencillo, tan a plena vista... Malcolm está muerto prácticamente desde el comienzo de la película.

Este dato es revelado al propio Malcolm al mismo tiempo que al espectador, pues al igual que él sólo hemos visto lo que hemos querido ver (no entiendo que llamen a este final tramposo, cuando Shyamalan en ningún momento nos miente), y la manera de exponerlo resulta brillante, sin ser el típico “explicación para tontos”. Vemos la puerta del su despacho siempre cerrada, vemos el solitario plato siempre servido en la mesa, vemos los escalofríos de su mujer… Lo vemos todo con otros ojos, como si hubiéramos estado dormidos y despertásemos. Y finalmente vemos lo ocurrido realmente la noche del disparo.

Todo esto vuelve (si cabe) aún más poderosa la redención de Malcolm, que habiendo cumplido su objetivo puede marcharse ya en paz. La escena en la que se despide de su mujer (que duerme en el sofá) me ha parecido siempre un momento hermoso, de un romanticismo impensable. “Nunca has estado en segundo lugar. Jamás” le dice Malcolm evocando lo que le había dicho ella al comienzo de la película (Bruce Willis está fantástico, demostrando lo buen actor que es, además de héroe carismático). Ella parece oírlo en sueños y le desea buenas noches, como si de una noche cualquiera se tratase. Así se despide Malcolm del amor de su vida, y desaparece con un sencillo fundido en blanco. La música de Howard vuelve a alzarse grandiosa. Al igual que con Cole, el renacer de Malcolm es algo que nunca veremos. Shyamalan tan sólo nos permite compartir las vivencias de sus criaturas en su viaje de la oscuridad a la luz, un viaje completamente inolvidable y emocionante.

1 comentario:

Lupa Sívori dijo...

¡Muy buena nota! Creo que Sexto Sentido es una gran obra maestra... muy detallista, muy pensada. Sinceramente, uno se pregunta que le pasó a este gran director hindú.

Soy de los que creen que esta película se aprecia mucho más al verla por segunda o hasta tercera vez. Tiene mucho simbolismo, atención a los detalles y elementos que generan debates y un anális fantástico.

Incluso armé hace poco una nota al respecto, si querés te invito a visitarla:

5 motivos para volver a ver Sexto Sentido (aún sabiendo el final): http://on.fb.me/16eVgbP


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¡Saludos!