
“¿Podemos dejarlo para mañana? Es que el tigre me ha dejado destrozada.”-Vera (Elena Anaya)
De acuerdo, soy masoca. Lo admito, lo acepto, y cuando tenga un hueco me pondré en tratamiento. Mientras tanto voy a dedicar un poco de tiempo a hablar de la última y aplaudida película del laureado Pedro Almodóvar, sin duda uno de los pesos pesados de nuestro cine, y uno de los más populares fuera de nuestras fronteras. Un director indudablemente personal… al que no trago, no me creo sus películas, sencillamente no me gusta su cine. Admitir algo así para alguien como yo, que se precia de ver de todo un poco y de pretender tener el mínimo posible de prejuicios a la hora de visionar y valorar cine no es tarea fácil. Pero hay que ser fiel a uno mismo, y si tengo que ser sincero, `La Piel que Habito´ me parece una memez de película, con únicamente un par de puntos realmente interesantes, que se van al garete por ser quién es el director.
Y es que, cuando se suele hablar de alguien o algo, mucho más en cuestiones de arte, el decir que se tiene personalidad es el mayor elogio que se puede hacer. Eso significa que destacas, que tienes algo que te desmarca del resto, que te hace especial. Eso puede llevar a la errónea conclusión de que la personalidad es algo de por sí bueno, cuando no tiene por qué. En mi caso, Pedro Almodóvar no puede ser un ejemplo más claro de ello. El tío tiene personalidad, no voy a negárselo, sabe imprimirle un toque especial a sus films, hacerlos suyos por así decirlo. Y eso es importante para todo artista que se precia, pero también conlleva que, del mismo modo que la distinción es fuerte, las reacciones a algo así pueden ser muy contrarias. O lo amas, o lo odias. Yo no lo odio, pero desde luego no lo trago en muchos sentidos. Fui a ver `La Piel que Habito´ porque leí que, por su trama, podía cautivar incluso a los no fans del manchego. Y es cierto que la trama es atractiva, muy oscura y siniestra, pero las formas de Almodóvar la malogran, echándola a perder.
