
“Lo que no tengo tan claro es que nuestras vidas sean tan diferentes a las de las personas que salvamos. Todos cumplimos. Puede que nunca lleguemos a entender lo que hemos vivido, o quizá nos ha faltado tiempo.”-Kathy H. (Carey Mulligan)
Ya el simple hecho de que Mark Romanek, director que hasta el momento sólo nos había deleitado con la más que interesante `Retratos de una Obsesión´ (One Hour Photo, 2002), no tomara finalmente parte en ese despropósito de remake de `El Hombre Lobo´ (The Wolf Man, Joe Johnston, 2010) hizo que mejorara (y mucho) mi percepción de él como realizador. Romanek, que fue inicialmente el elegido para actualizar las andanzas del hombre lobo con Benicio del Toro como protagonista, se retiró de la producción en base a unas “diferencias creativas” con los productores, que sentaron en la silla de director al mucho más manejable e impersonal Joe Johnston (`Océanos de Fuego´, `Jurassic Park 3´), al cual no considero mal director, pero que poco pudo hacer para salvar el desastre de una producción que tenía buenos ingredientes, pero se notaba muy manoseada y retocada hasta el punto de caer en la incoherencia y el ridículo (algunos de sus efectos especiales eran de risa).
Por eso, y visto ya el desastre de la película de Johnston (o de los productores, o de vete tú a saber quién), estaba especialmente interesado en ver el nuevo trabajo de Romanek, que ha resultado ser ni más ni menos que una película pequeña, íntima y personal, basada en la novela de Kazuo Ishiguro, de la que dicen los detractores de la adaptación que desperdicia enormemente su potencial, algo en mi opinión sólo apreciable si has leído la novela, pues la película se nota estupendamente coherente y completa tal y como está. La historia se centra en Kathy (Carey Mulligan), Tommy (Adrew Garfield) y Ruth (Keira Knightley), tres muchachos que se crían en un internado inglés aparentemente idílico, donde al llegar a cierta edad descubren la aterradora verdad de su existencia: no son más que clones de otras personas, criados como ganado para, al llegar a cierta edad, empezar a donar sus órganos vitales hasta morir. Entonces habrán “cumplido”. 
