
“Reúnete conmigo en el bosque prohibido y enfréntate a tu destino. De no hacerlo… mataré a todo hombre, mujer y niño que intente ocultarte de mí.”-Lord Voldemort (Ralph Fiennes)
Nunca he ocultado que me declaro un fiel seguidor y defensor del universo Harry Potter, ya sea en su forma literaria (fueron los primeros libros que me interesaron y me abrieron el apetito de literatura) como en su forma fílmica, que ha dado como origen nada menos que ocho films a lo largo de una década, y que ahora llega a su fin. Claro que con lo de defensor no quiero decir que defienda ciegamente todas las películas (ni todos los libros). La serie ha tenido sus errores y sus aciertos, sus puntos álgidos (Alfonson Cuarón con `Harry Potter y el Prisionero de Azkaban´) y mediocres (Mike Newell con `Harry Potter y el Cáliz de Fuego´), claro que en mi opinión siempre se han mantenido unos mínimos de calidad, fruto de una cuidada producción, un entregado equipo técnico y un reparto excepcional lleno de estupendos actores británicos.
Ahora toca despedirse de todo eso, con un final que quizá no es tan épico como nos prometieron (en el sentido de música grandilocuente y mucha cámara lenta, al gusto de Peter Jackson con su trilogía `ESDLA´), pero que no deja de resultar en ningún momento trepidante y emocionante, lleno de momentos magníficos que se le quedan grabados en la memoria: por bellos, por perturbadores, por iconográficos. Además resulta sin duda el film más entretenido y fácil de ver de toda la serie, pues sus 130 minutos de duración (una minucia si lo comparamos con las dos horas y media aproximadas de media que ha durado cada película) están dedicadas exclusivamente para todo el segmento final del séptimo libro, con lo que son un clímax en sí mismo para todo lo expuesto en la más tensa, lenta y atmosférica, `Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1´, con la que funciona de manera complementaria en muchos sentidos (allí se exponía la historia final, aquí se dedican a atar todos los cabos sueltos).




