
“Yo no estoy hecho para estas mierdas sensibleras, ¡soy un irascible hijo de perra!”-Michael Longstreet (John C. Reilly)
El mismo fin de semana en el que llegaba a nuestras pantallas la aburrida `La Saga Crepúsculo: Amanecer, Parte 1´ (The Twilight Saga: Breaking Dawn, Part 1, 2011), también lo hacia `Un Dios Salvaje´ (Carnage, Roman Polanski, 2011), el último trabajo del reputado realizador Roman Polanski tras su polémica liberación, que encima venía encabezado por un espectacular reparto —de hecho, prácticamente el único reparto— compuesto por Jodie Foster, Kate Winslet, John C. Reilly y uno de los mayores descubrimientos de los últimos años, Christoph Waltz —ganador del Oscar al mejor secundario por su fascinante villano en la magistral `Malditos Bastardos´ (Inglorious Basterds, Quentin Tarantino, 2008)—. Este estreno se produjo de una manera minoritaria, sin apenas publicidad y con muy pocas copias, evidentemente fuera del alcance del revuelo montado por la última entrega de la famosa saga vampírica.
Y no deja de ser una cierta lástima, a pesar de que evidentemente no van dirigidas al mismo tipo de público ni tampoco es un producto diseñado para reventar taquillas, que la llegada de una película de estas características, dirigida por uno de los mejores directores vivos — quien me lleve la contraria es que no ha visto `Chinatown´ (id, 1974) o `La Semilla del Diablo´ (Rosemary´s Baby, 1968)—, y protagonizada por algunos de los más talentosos y reputados actores de Hollywood, se haya visto tan injustamente eclipsada y ninguneada. Para mí se trataba sin lugar a dudas de uno de los estrenos más potentes del año, aunque suene exagerado. Y es que me interesaba mucho averiguar qué podía sacar un Polanski de aparentemente renovadas energías —`El Escritor´ (The Ghost Writer, 2010) me pareció un thriller político magistral, de lo mejor del año pasado— de una historia tan llamativa y nimia, basada en la prestigiosa obra de teatro escrita por Yasmina Reza —co-escritora del guión junto al propio Polanski— que se centra en la reunión de dos matrimonios tras una pelea entre sus hijos.
