
“Yo no soy tu padre Sam, pero me alegro mucho de que estés aquí.”-CLU
Hay veces en las que una película pasa a formar parte de la historia del cine por razones que no están necesariamente ligadas a su calidad cinematográfica. Puede ser por la temática, por una escena en particular, por una actuación o (como es el caso) por suponer un punto de inflexión en los avances tecnológicos y en su modo de aplicarlos para contar una historia. Por tanto, la primera entrega del film que nos ocupa (Tron, Steven Lisberger, 1982), no es que fuese una gran película, pero se ha convertido en un film de culto por ser la primera película de la historia en utilizar la animación por ordenador. Esa es su relevancia en la historia del cine, y no hay mucho más.

