
“Nos apoyaremos en nuestros principios, o nos hundiremos con ellos.”-Margaret Thatcher (Meryl Streep)
Los biopics, que es como se llama a ese tipo de films basados en las vidas de personajes históricos importantes o famosos por algún motivo, suelen ser algo muy recurrente en Hollywood para subsanar la falta de ideas. Normalmente la operación suele ir acompañada de un actor de renombre que hace todo lo posible por transformarse físicamente en el personaje, imitar sus gestos y su acento, un tipo de trabajo que se suele tener muy en consideración en épocas de premios como en la que nos encontramos. Pero en mi opinión, hay que tener mucho cuidado de acompañar todo esto, la caracterización e imitación del personaje, con un guión sólido y una verdadera historia que contar —la simpática `El Discurso del Rey´ (The King´s Speech, Tom Hooper, 2010) y la excelente `Mi Nombre es Harvey Milk´ (Milk, Gust Van Sant, 2008) me parecen buenos ejemplos a seguir— y no dejar que la película se convierta en una especie de narración aleatoria de los acontecimientos más importantes, que puede llegar a resultar un coñazo —ahí está `Amelia´ (Mira Nair, 2009), con una Hilary Swank cuesta abajo—.
Porque el cine no es un documental —algo que también tiene su problemática, pero es una diferente—, y da igual que se elija la historia de alguien fascinante o que por el contrario no haya hecho nada especialmente grande en esta vida —eso ya lo dejó claro David Fincher con su fascinante historia universal de engaños y traiciones centrada en el tipejo que inventó el Facebook, un material que tenía todas las papeletas para ser anodino como poco—. Porque lo importante en el cine es el buen funcionamiento de la ficción, no que la historia parta de material verdadero, sino que resulte creíble, emocionante y que tenga una coherencia, que sepa lo que está contando, de dónde parte y a dónde quiere llegar. Eso es todo lo que no parece entender Phyllida Lloyd —directora de la insufrible `¡Mama Mia!´ (id, 2008), también con Meryl Streep—, que se limita a disfrazar a la oscarizada y veterana actriz y dejar que imite —muy bien, eso sí— a la infatigable Margaret Thatcher, mientras que deja bien claro que no tiene realmente nada que contar sobre ella en los 105 minutos que dura la peli. Y eso es grave.
